Cada septiembre, el Ministerio de Asuntos Exteriores (Auswärtiges Amt) convoca en Berlín a todas las jefas y jefes de misión de Alemania alrededor del mundo. La llamada »Conferencia de Jefes y Jefas de misiones diplomáticas alemanes en el extranjero« no es un evento público ni una cumbre de titulares de prensa, sino es el espacio donde la maquinaria diplomática alemana calibra sus engranajes con precisión quirúrgica.
Reunir en un mismo lugar a más de 200 representantes diplomáticos, sumado a otros cientos de invitados estratégicos, es más que un gesto administrativo. Es una demostración de poder estructural: pocos países en el mundo pueden coordinar de manera tan sistemática a toda su red global y proyectar desde allí acciones concretas de política exterior.
En la edición de este año, la número 23, bajo el liderazgo del canciller Friedrich Merz, la atención estará inevitablemente puesta en tres vectores: la redefinición de la relación transatlántica con Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump, la guerra entre Rusia y Ucrania y el manejo de la rivalidad sistémica con China.
Valoración de Sudamérica en la BoKo
En un momento en que Berlín sigue reconfigurando prioridades, donde hay diferencias muy marcadas en el manejo de la política exterior con la administración pasada del Canciller Olaf Scholz (SPD), la región sudamericana sigue apareciendo en los márgenes de la conversación.
La Conferencia, también llamada Conferencia de Embajadores y Embajadoras, »Botschafterkonferenz (BoKo)« es, en este sentido, también una clara fotografía de las grandes ausencias de la política exterior alemana: no basta con la retórica de los valores compartidos o palabras que algunas veces se usan como invocaciones mágicas, como multilateralismo, si no se traduce en presencia real en la agenda.
BILAT como facilitador
La región sudamericana debe entender que existen estos espacios, como funcionan y qué objetivos tienen, ya que no puede permitirse improvisar si aspira a jugar un rol en esta conversación global. Organizaciones como BILAT surgen justamente para cubrir ese vacío: interpretar los movimientos de poder y alineación en Berlín, traducirlos a la realidad regional y proyectar la relación bilateral en clave estratégica.
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