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Guerra Híbrida: desafíos estratégios para Uruguay y Europa

El 18 de noviembre de 2025, BILAT organizó una conferencia virtual dedicada a uno de los temas más sensibles y menos discutidos en Uruguay: la guerra híbrida y su impacto en la seguridad nacional. La actividad reunió a 40 participantes, incluyendo representantes del Ministerio de Defensa, Presidencia de la República, ex oficiales de las Fuerzas Armadas, miembros del sector público, y estudiantes universitarios de la Universidad ORT y la Universidad de la República. La combinación de participación institucional uruguaya y expertise alemana marcó un hito para este tipo de iniciativas en el país.

El encuentro contó con la presencia de Frank Priess, reconocido analista alemán y ex subdirector de la cooperación internacional de la Konrad-Adenauer-Stiftung (KAS), y del Cnel. (R) Pablo Caubarrere, militar uruguayo con vasta experiencia en temas de defensa y operación militar. La sesión fue moderada por el Cnel. (R) Mag. Carlos Delgado, miembro de BILAT. Stefanie Kammeyer y Nahuel Gonzalez Frugoni directores de BILAT dieron las palabras de bienvenida.

Una mirada desde Uruguay y un paneo de la situación

Caubarrere abrió el análisis con un marco conceptual exhaustivo. Definió la guerra híbrida como la convergencia deliberada de medios militares y no militares en un espacio intermedio, la llamada zona gris, donde la atribución es difícil, la negación es creíble y los costos políticos de la respuesta estatal aumentan. En esta zona se desenvuelven acciones que, sin llegar a constituir un conflicto militar abierto, buscan erosionar intereses nacionales críticos: la forma democrática del Estado, la estabilidad del sistema político, la cohesión social, la confianza pública, los recursos estratégicos y la paz interna.

El coronel insistió en que la región sudamericana reúne condiciones que facilitan estas operaciones: volatilidad política, ciclos económicos adversos, limitaciones institucionales, ecosistemas digitales altamente fragmentados y la presencia transversal del crimen organizado, que en ocasiones adopta herramientas que antes eran exclusivas de actores estatales. Subrayó, además, que estas tácticas no siempre provienen de Estados; pueden provenir de redes criminales, organizaciones ideológicas, grupos extrarregionales o estructuras proxy que actúan con agendas propias o ajenas.

Uno de los conceptos más importantes que introdujo fue el del »Ethos del Ser Nacional«, entendido como el conjunto de valores, símbolos y prácticas que sostienen la identidad colectiva uruguaya: el Estado de derecho, la educación pública, la resolución pacífica de conflictos y el rechazo a la violencia política. Este núcleo simbólico, señaló, es hoy un objetivo de operaciones híbridas que buscan modificar percepciones, introducir narrativas hostiles, erosionar la legitimidad institucional y desgastar la cohesión social desde adentro.

Caubarrere enumeró ejemplos que la región ya vivió y que muestran que este tipo de fenómenos no son teóricos: penetración ideológica a través de organizaciones de fachada; uso instrumental de migraciones en algunos países; ciberataques a infraestructura crítica; despliegue de narrativas que polarizan sociedades; interferencia transnacional en procesos electorales; casos de lawfare; y presiones económicas o informacionales que alteran el cálculo de un Estado. Recordó episodios que afectaron a Sudamérica en los últimos años, disturbios coordinados, operaciones de influencia, intentos de manipulación preelectoral, vínculos con grupos transnacionales, para señalar que Uruguay, por su estabilidad y predictibilidad, no es inmune sino atractivo.

En paralelo, describió cómo la arquitectura interna uruguaya enfrenta desafíos particulares: marcos normativos dispersos, capacidades de inteligencia que aún necesitan fortalecerse, divulgación insuficiente hacia la ciudadanía y una estructura institucional que debe adaptarse para responder más rápido sin sacrificar garantías democráticas. Insistió en que cualquier contramedida debe ser proporcional, transparente y plenamente compatible con el Estado de derecho, porque la defensa frente a amenazas híbridas no puede convertirse en una amenaza interna por excesos.

La experiencia alemana y europea: clave para entender las consecuencias

La intervención de Frank Priess se conectó naturalmente con este panorama. Partiendo de la base conceptual ya establecida, ofreció una mirada desde Europa, donde diversos países han experimentado durante las últimas décadas una creciente actividad de tácticas híbridas provenientes de múltiples actores estatales y no estatales. Estas prácticas incluyen campañas de desinformación, sabotaje a infraestructura, espionaje, presiones económicas, operaciones cibernéticas y acciones encubiertas de influencia política.

Priess remarcó que la característica central de estas operaciones es su capacidad de operar en la ambigüedad: se mueven en un espacio donde no siempre es posible atribuir la responsabilidad con certeza inmediata, y donde los adversarios buscan aprovechar las ventajas de la negación y la complejidad jurídica. Europa ha visto cómo, con el paso del tiempo, la combinación de acciones encubiertas, narrativas disruptivas y presiones indirectas ha ido configurando un entorno más competitivo y menos predecible.

Explicó que, en muchos casos, el objetivo no es imponer una narrativa propia, sino generar desconfianza generalizada: que los ciudadanos duden de todo, que pierdan claridad sobre qué fuentes son fiables y que se erosione la legitimidad del sistema democrático. Ese desgaste gradual, señaló, puede ser más dañino que una agresión convencional, porque actúa sobre el tejido que sostiene a la democracia: la confianza.

Priess también contextualizó cómo distintos actores globales, algunos estatales como Rusia y Corea del Norte, otros transnacionales, actúan de manera simultánea en Europa, ya sea mediante ciberataques, presión económica, campañas informativas o acciones indirectas a través de terceros. Mencionó casos ocurridos en territorio europeo que ilustran estas dinámicas: operaciones encubiertas en el ámbito digital, intentos de influir en debates internos, presiones sobre infraestructura crítica y el uso instrumental de flujos migratorios por parte de ciertos Estados como forma de presión política.

Otro de los elementos que destacó fue la vulnerabilidad institucional. En Europa, indicó, la dispersión de competencias entre fuerzas armadas, policías federales, agencias de seguridad y autoridades aeronáuticas puede dificultar respuestas rápidas ante incidentes híbridos, como ocurrió en episodios de drones sobre aeropuertos o ciberataques que afectaron servicios esenciales. También añadió que, tras el fin de la Guerra Fría, muchos países europeos redujeron sus capacidades de defensa bajo la premisa de un entorno de seguridad estable, lo que hoy implica esfuerzos acelerados de modernización y cooperación.

Sin embargo, también subrayó que Europa está aprendiendo de sus propios desafíos. Los países bálticos, nórdicos, así como Ucrania, Israel, Japón y Taiwán han desarrollado metodologías de resiliencia narrativa, protección digital e infraestructura crítica que hoy son referentes globales. Las democracias, afirmó, deben equilibrar firmeza en la respuesta con la preservación de libertades fundamentales, evitando caer en excesos que debiliten internamente aquello que buscan proteger.

Caubarrere
Fragmento de la conferencia. Fuente: BILAT

La guerra híbrida como riesgo real: Uruguay comienza a crear barreras

A lo largo de ambas exposiciones emergió un mensaje claro: la guerra híbrida no es un riesgo hipotético ni un conflicto lejano. Es un entorno que se desarrolla »entre bambalinas«, sin declaraciones formales, mediante acciones persistentes, indirectas y adaptativas. No distingue entre regiones; se despliega donde encuentra oportunidades. Y tanto Europa como Sudamérica comparten vulnerabilidades que requieren anticipación, coordinación y cooperación internacional.

El encuentro dejó en evidencia que Uruguay necesita actualizar sus herramientas conceptuales y operativas para este nuevo entorno. También demostró que existe un interés creciente dentro del Estado por comprender estos fenómenos, visto en la participación de Defensa, Presidencia, oficiales militares, analistas y especialistas.

Para BILAT, la actividad confirmó su rol como puente entre Uruguay y Alemania en temas estratégicos. La organización se posicionó como un espacio capaz de convocar actores diversos, conectar información relevante, facilitar acceso a expertos internacionales y brindar insumos a las capacidades nacionales donde aún existen vacíos. La presencia simultánea de instituciones uruguayas y referentes europeos es un indicador del reconocimiento de la urgencia de prepararse para un entorno donde las amenazas no se declaran, sino que se infiltran.

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