Paraguay rara vez ocupa el centro de atención, pero este país sin litoral de América del Sur sigue una política exterior poco convencional, que parece debatirse entre la lealtad y la realpolitik, y que podría tener amplias repercusiones para el desarrollo económico del país. Un análisis de las relaciones diplomáticas de Paraguay con Taiwán e Israel lo pone de manifiesto.
Taiwán se encuentra cada vez más aislado a nivel internacional. Oficialmente, Taipéi mantiene relaciones diplomáticas solo con un puñado de países, entre ellos pequeños estados insulares como las Islas Marshall o Tuvalu. Para Taiwán, el reconocimiento por parte de otros países representa una expresión de legitimidad internacional y, al mismo tiempo, un factor crucial en las tensiones políticas con China. Dentro de este círculo menguante de aliados, Paraguay ocupa un lugar especial. Es el país más grande y económicamente más relevante que reconoce oficialmente a Taiwán, y constituye por ello un pilar central de la estrategia exterior taiwanesa.
Las relaciones entre Taiwán y Paraguay se establecieron en 1957, en una época en que la Guerra Fría dividía ideológicamente al mundo. Para el dictador paraguayo Alfredo Stroessner y el presidente taiwanés Chiang Kai-shek, la asociación era natural: ambos dirigían regímenes anticomunistas y buscaban respaldo internacional en un entorno polarizado. Durante el régimen de Stroessner (1954–1989) se desarrolló una amistad estrecha, aunque asimétrica. Taiwán ofreció apoyo económico, asistencia técnica y solidaridad política. A su vez, Paraguay proporcionó a Taipéi legitimidad simbólica, especialmente después de la pérdida del escaño de Taiwán en la ONU en 1971.
Hoy, más de treinta años después de la caída de Stroessner, Paraguay sigue siendo el socio diplomático más importante de Taiwán. Para Taipéi, esta alianza tiene un valor estratégico: demuestra que Taiwán aún mantiene presencia en América Latina, una región donde Pekín ha ampliado enormemente su influencia. Al mismo tiempo, el reconocimiento por parte de Paraguay refuerza la legitimidad diplomática de Taiwán. Taiwán apoya a Paraguay mediante ayuda al desarrollo, programas de inversión y proyectos en educación, salud e infraestructura. Taipéi financió, entre otras cosas, un nuevo edificio del Congreso en Asunción, apoyó programas de vivienda social y fundó junto con Paraguay una universidad técnica.
Estos proyectos garantizan una presencia tangible de Taiwán en Paraguay y sirven como símbolo de los beneficios de una alianza independiente de las directrices de Pekín. Sin embargo, las realidades económicas ponen cada vez más presión sobre la relación. Paraguay es un país agrícola cuya economía depende de la exportación de soja y carne bovina, precisamente los productos que encuentran en China sus principales mercados. Desde hace años, los gremios agrícolas y exportadores se quejan de las pérdidas potenciales que esto genera. China, el mayor importador mundial de soja, no permite importaciones procedentes de países que reconozcan diplomáticamente a Taiwán. Esta restricción comercial genera creciente presión sobre la política paraguaya, especialmente en las regiones rurales, donde el sector exportador desempeña un papel central.
China recalca ante Paraguay el alto potencial de ingresos que el país pierde por reconocer a Taiwán y ha intentado repetidamente persuadirlo para que rompa las relaciones diplomáticas con Taipéi. En diciembre de 2024, Paraguay declaró persona non grata a un enviado chino que intentó convencer a diputados paraguayos de reconsiderar su posición respecto a Taiwán. Dentro de Paraguay, las divisiones atraviesan todo el espectro político. El presidente Santiago Peña, en el cargo desde 2023, ha reafirmado en varias ocasiones la alianza con Taiwán. Sin embargo, su postura genera controversia. El líder opositor Efraín Alegre pidió abiertamente durante la campaña presidencial de 2023 romper el reconocimiento diplomático de Taiwán y establecer relaciones con China.
Paraguay: un dilema geopolítico
La situación de Paraguay constituye un dilema geopolítico. Por un lado, está Taiwán, un socio de larga data que ofrece cooperación en igualdad de condiciones, pero mercados económicos limitados. Por otro, está China, una superpotencia económica que promete inversiones y oportunidades de exportación.El presidente Peña intenta combinar ambos. En una entrevista con el South China Morning Post declaró que Paraguay está abierto a acuerdos comerciales con China a través del Mercosur, sin que ello ponga en duda su relación con Taiwán. Es un intento de equilibrar la continuidad diplomática con el realismo económico, un acto de equilibrio que difícilmente podrá mantenerse a largo plazo.
Para Taiwán está en juego mucho más que una sola alianza. La pérdida de Paraguay supondría una retirada simbólica de Taiwán de Sudamérica. Tras la ruptura diplomática de Honduras en 2023, Paraguay sería la siguiente ficha de dominó y un paso más en la estrategia de Pekín para reducir la presencia internacional de Taiwán. Por ello, el gobierno taiwanés invierte no solo en proyectos, sino también en vínculos emocionales: programas de intercambio, becas y cooperación cultural buscan demostrar que Taiwán es un socio fiable y moderno. Pero Taipéi sabe también que el dinero, por sí solo, no bastará a largo plazo para retener a Paraguay si la presión económica continúa aumentando.
También en sus relaciones diplomáticas con Israel, Paraguay se mueve entre lazos históricos, convicciones ideológicas y presiones pragmáticas.
El estatus internacional de Jerusalén es uno de los temas más delicados de la política mundial. Para Israel, el reconocimiento de la ciudad como su capital indivisible es esencial para su identidad nacional; para la mayoría de los países, su estatus final sigue siendo objeto de negociación. En este contexto, Paraguay ha desempeñado en varias ocasiones un papel interesante que ha irritado a algunos de sus aliados. Las relaciones entre Israel y Paraguay tienen raíces históricas profundas. Paraguay fue uno de los 33 países que en 1947 votaron a favor de la Resolución 181 de las Naciones Unidas, el plan de partición de Palestina que sentó las bases jurídicas para la creación del Estado de Israel. Las relaciones diplomáticas se establecieron en 1949.
Al igual que la alianza con Taiwán, la relación durante la Guerra Fría bajo el dictador Alfredo Stroessner (1954–1989) estuvo marcada por un anticomunismo pragmático. Israel buscaba aliados en todo el mundo y ofrecía a cambio conocimientos técnicos, experiencia agrícola y cooperación militar. Paraguay, por su parte, veía en Israel un socio fiable fuera de las zonas de influencia regionales. La relación más reciente entre Paraguay e Israel se ha visto dominada por una sola cuestión altamente simbólica: la ubicación de la embajada paraguaya.
En mayo de 2018, poco después de la histórica decisión de Estados Unidos bajo Donald Trump de trasladar su embajada, Paraguay siguió el mismo camino. El entonces presidente Horacio Cartes viajó personalmente a Jerusalén para inaugurar la nueva embajada. Paraguay se convirtió así en el tercer país del mundo, después de Estados Unidos y Guatemala, en dar ese paso. Para Israel fue una gran victoria diplomática, señal de que el reconocimiento de Jerusalén como capital indivisible empezaba a consolidarse también en América Latina.
Pero el traslado de la embajada provocó un terremoto político. La Liga Árabe condenó duramente la decisión. Más importante aún fue la presión regional: los poderosos vecinos del Mercosur, especialmente Brasil y Argentina, temían por sus relaciones comerciales con el mundo árabe. Paraguay, como país agrícola exportador, también tuvo que enfrentar posibles pérdidas comerciales. El traslado de la embajada duró solo cinco meses. En septiembre de 2018, el nuevo presidente Mario Abdo Benítez, aunque pertenecía al mismo Partido Colorado que Cartes, revirtió la decisión y anunció el retorno inmediato de la embajada a Tel Aviv. Abdo Benítez justificó el cambio por la necesidad de contribuir a una paz amplia, justa y duradera en Oriente Medio y de preservar las relaciones históricas de Paraguay con todos los pueblos. Sin embargo, las verdaderas razones residían en la presión interna y el temor al aislamiento económico, especialmente en el sector agrícola, que temía grandes pérdidas en los mercados árabes.
La reacción de Israel fue inmediata. El primer ministro Benjamín Netanyahu ordenó el cierre de la embajada israelí en Asunción. Las relaciones quedaron congeladas; una larga asociación se rompió de la noche a la mañana por la realpolitik.
El enfriamiento diplomático terminó abruptamente tras las elecciones de 2023. Santiago Peña, protegido político del expresidente Cartes, se presentó con la clara promesa electoral de corregir los »errores históricos« de su predecesor y devolver la embajada a Jerusalén. A poco de asumir el cargo, Peña cumplió su promesa. En septiembre de 2023 Paraguay inauguró oficialmente su embajada en Jerusalén. El presidente defendió la medida como un retorno a una política exterior de principios y un fortalecimiento de la amistad histórica con Israel. Israel, por su parte, cumplió lo prometido y anunció la reapertura inmediata de su embajada en Asunción. Funcionarios israelíes elogiaron a Paraguay como un verdadero amigo que permanece al lado de Israel.
Hoy, Paraguay vuelve a formar parte del pequeño grupo de países con embajada en Jerusalén (junto con Estados Unidos, Guatemala, Honduras y algunos más). Para Israel, este reconocimiento tiene un alto valor simbólico, especialmente en una región como América Latina, donde el apoyo diplomático suele fluctuar. Para Paraguay, la decisión representa otro acto de equilibrio. Por un lado, la alianza con Israel refuerza la cooperación en áreas como seguridad, tecnología y gestión del agua, y además simboliza una clara orientación hacia Occidente, especialmente una afinidad ideológica con la política exterior de Estados Unidos. Por otro lado, los riesgos económicos son reales: Paraguay sigue expuesto a tensiones con el mundo árabe, un mercado clave para su carne bovina, y se enfrenta a críticas por romper el consenso regional dentro del Mercosur.
La política exterior de Paraguay ejemplifica la tensión en la que se encuentran hoy muchos estados pequeños y medianos: entre la lealtad ideológica y la racionalidad económica. Mientras las relaciones con Taiwán e Israel se sustentan en bases históricas, ideológicas y simbólicas, surge la pregunta de hasta qué punto un país como Paraguay está dispuesto a pagar el precio de su fidelidad a los principios.
En ambos casos, Asunción sigue una lógica de política exterior determinada más por la identidad política que por los intereses económicos. El reconocimiento de Taiwán y el traslado de la embajada a Jerusalén son expresiones de una diplomacia basada en valores, que prioriza los principios sobre el interés económico. De este modo, Paraguay se distingue de las posturas pragmático-económicas de muchos de sus vecinos.
Pero esta postura tiene su precio. La exclusión del mercado chino debilita la economía exportadora, especialmente la agroindustria, mientras que el estrecho vínculo con Israel genera tensiones dentro del Mercosur y con los socios árabes. Así, el gobierno paraguayo se encuentra en un dilema: quiere demostrar soberanía en política exterior sin arriesgar el aislamiento económico.
Autor
Ben-Amon Kosbab es politólogo con maestría de la Universidad de Constanza y de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Actualmente trabaja para el Senado de Berlín. Su interés por la política latinoamericana surgió a partir de un servicio voluntario en Paraguay. Desde entonces, se ha dedicado intensamente al estudio del desarrollo político en América Latina y de las relaciones entre América Latina y Europa.
Ver más
Publicación de la revista #4 de BILAT
Análisis estratégico, seguridad internacional y política exterior en un mundo en ruptura. Entrevistas exclusivas y…
Europa envejece: Oportunidades para una cooperación justa en la captación de talento con América Latina
Europa envejece y se queda sin talento. América Latina tiene jóvenes cualificados sin oportunidades. Este…
BILAT en diálogo estratégico en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay
BILAT mantuvo un intercambio de alto nivel en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay…