Tras las manifestaciones de meses en favor de la libertad y los derechos humanos en la República Democrática Alemana (RDA), la apertura de fronteras en partes de Europa del Este y la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, las condiciones geopolíticas cambiaron de manera fundamental.
Ya a finales de noviembre de ese mismo año, el entonces canciller de la República Federal de Alemania (RFA), Helmut Kohl, presentó ante el Bundestag su »Plan de Diez Puntos«: su propuesta sobre cómo podría superarse la división. En aquel momento, Kohl declaró: »Estamos también dispuestos a desarrollar estructuras confederativas entre ambos Estados en Alemania, con el objetivo de crear una federación, es decir, un orden federal en Alemania.« [Leue V. 2020]
Esto significaba, en consecuencia, un Estado común, reunificado. A nivel internacional, este desarrollo fue recibido con escepticismo. ¿Podría mantenerse la paz en Europa también con una Alemania unificada? Después de todo, tras la Segunda Guerra Mundial nunca se había firmado un tratado de paz con Alemania. La condición previa para la reunificación de los dos Estados alemanes era un tratado de paz o una disposición jurídicamente vinculante en el plano internacional que pusiera fin al estado de posguerra, incluidas las aún vigentes derechos de ocupación de los Aliados.
El denominado Tratado 2+4, o también llamado »Tratado de Regulación«, fue suscrito en septiembre de 1990 en Moscú bajo su nombre oficial »Tratado sobre el arreglo final con respecto a Alemania« entre los dos Estados alemanes y las cuatro potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial (EEUU., URSS, Francia y Reino Unido).
Un éxito de la Diplomacia de Bonn
El objetivo, la recuperación de la plena soberanía y, con ello, la igualdad en el plano internacional, fue alcanzado por la República Federal de Alemania con el Tratado 2+4, tras la revolución pacífica en la RDA y su adhesión a la antigua RFA. Que ello fuera posible, después de las dos guerras mundiales desencadenadas por el Reich alemán [1871–1945], se debió no en menor medida a que la política exterior alemana logró convencer a sus vecinos de que de la nueva Alemania no emanaba peligro alguno. [Bunde, T.; Ischinger, W., 2014]
A pesar de su soberanía limitada y de la dependencia respecto de las potencias vencedoras, Bonn logró vincular sus propios intereses con las expectativas geopolíticas de los Aliados. El gobierno federal bajo Helmut Kohl y el ministro de Asuntos Exteriores Hans-Dietrich Genscher actuó con una doble estrategia: una máxima vinculación con Washington, que brindaba cobertura política a la reunificación, y, al mismo tiempo, el mantenimiento de canales de diálogo intensivos con Moscú.
La posibilidad de un cambio fundamental en las relaciones políticas en Europa se abrió finalmente en 1985 con la elección de Mijaíl S. Gorbachov como Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). Las relaciones entre la URSS y la RFA se encontraban estancadas desde la decisión de rearme adoptada por el Bundestag alemán en noviembre de 1983 y el inicio posterior del despliegue de nuevos misiles nucleares de alcance medio. Una mejora de esas relaciones se inició con la conversación entre el ministro de Asuntos Exteriores Genscher y Gorbachov el 21 de julio de 1986 en Moscú. Desde entonces, Genscher creyó en la seriedad de la nueva política soviética. En consecuencia, a comienzos de 1987 instó a sus socios occidentales a tomar a Gorbachov en serio y a atenerse a su palabra. [Möller, H.; Pautsch, D.; Schöllgen, G.; Wentker, H.; Wirsching, A. 2015]
La caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 abrió una puerta política tan peligrosa como prometedora. De repente, la »cuestión alemana« volvió a imponerse con toda su fuerza en la agenda internacional. Para la diplomacia de Bonn, ello significaba afrontar un acto de equilibrio entre la presión interna a favor de una rápida reunificación y el escepticismo existente en el ámbito exterior.
En este punto intervino la diplomacia de Bonn. El canciller Kohl formuló con su Plan de Diez Puntos una visión lo suficientemente abierta como para señalar movimiento y, al mismo tiempo, lo bastante prudente como para no sobrecargar a los socios. En paralelo, el ministro de Asuntos Exteriores Genscher sostuvo intensas conversaciones con sus homólogos, en particular con el ministro de Asuntos Exteriores soviético, Eduard Shevardnadze, con el fin de generar confianza y explorar condiciones.
El Tratado 2+4 de 1990 fue, en definitiva, el resultado concreto de esta política. Con él, Alemania no solo alcanzó la reunificación, sino también la plena soberanía sobre sus asuntos internos y externos, un objetivo que desde 1949 había permanecido como una promesa lejana sobre la República de Bonn. Que este resultado se logrará de manera pacífica y en consenso con todas las potencias vencedoras subraya la extraordinaria labor de la diplomacia de Bonn. Esta combinó paciencia estratégica con flexibilidad táctica, aprovechó coyunturas históricas y las tradujo en acuerdos vinculantes. De este modo, la República Federal consiguió resolver definitivamente la cuestión alemana y, al mismo tiempo, sentar las bases para un orden europeo de posguerra estable.
En 2011, el tratado fue incluido en el programa »Memoria del Mundo« de la UNESCO, pasando así a formar parte del Patrimonio Documental Mundial.
Literatura
Leue, V. (2020). Zwei-plus-Vier-Vertrag vor 30 Jahren: Ein Friedensvertrag, der keiner war. Deutschlandfunk.
Bunde, T. & Botschafter Ischinger, W. (2014). Neue deutsche Diplomatie? Zeitschrift für Außen- und Sicherheitspolitik.
Möller H., Pautsch D., Schöllgen G., Wentker H., Wirsching A. (2015). Die Einheit: Das Auswärtige Amt, das DDR-Außenministerium und der Zwei-plus-Vier-Prozess. Vandenhoeck & Ruprecht.
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